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No pocas veces, cuando se debaten el rol de la escuela en la comunidad, escuchamos decir que, junto a la familia, constituyen los pilares de la sociedad. Esta afirmación se basa en que ambas instituciones tienen a su cargo la formación de niños y jóvenes, que serán, en definitiva,quienes tengan en sus manos el futuro de la sociedad. Desde la Licenciatura en Enseñanza de Ciencias del Ambiente tenemos en claro que la escuela es el ámbito que permite pensar qué clase de sociedad queremos tener. Por otra parte, la institución escolar, es el punto de encuentro de los diferentes sectores sociales, por lo que los mensajes que esta brinde se multiplican hacia el seno de la comunidad.
A partir de estas afirmaciones, podemos inferir que si uno de nuestros objetivos como Universidad y como carrera dentro de la misma es lograr una población sana y segura, debemos comenzar a trabajar desde las bases mismas de esta construcción, es decir desde la escuela y la familia. Cuando las poblaciones conocen las amenazas a que están expuestas y, sobre todo, las capacidades y los recursos con que cuentan para enfrentarlas, aumentan notablemente sus posibilidades de prevenir accidente y/o desastres, o por lo menos de reducir el impacto de los mismos.
Todos los esfuerzos educativos que tengan como objetivo la prevención de riesgos aportan a que esa meta se cumpla, ya que mientras mayores sean la educación y la organización de una comunidad, mayores serán sus capacidades de actuar de forma reactiva, y en especial, proactivamente frente a los riesgos de la vida cotidiana. Por otra parte, prevenir los desastres es también una inversión en favor del desarrollo de las comunidades, de su infraestructura, de su economía, de su patrimonio y de su historia y también constituye una inversión en la medida en que resulta más eficiente reducir los riesgos que reponer las pérdidas que causan los desastres.
La sinergia y el trabajo complementario entre distintos actores sociales será fundamental para reducir la vulnerabilidad y fortalecer las capacidades de quienes participan en ello.
Por su parte, debido al rol que desempeñan en la sociedad, los docentes formados y concienciados en la importancia de la prevención actuarán como agentes multiplicadores permitiendo que los mensajes lleguen a diferentes sectores sociales. En esta tarea es de gran importancia llevar a cabo planes educativos que tengan como objetivos formar personas con pensamiento propio y espíritu crítico. Los niños no son sólo receptores de información sobre prevención de riesgos. Con la adecuada orientación de sus docentes y de otros integrantes de la comunidad educativa, pueden convertirse, también ellos, en fuentes de información importante para su familia y su comunidad. Para que esto se concrete será indispensable que los alumnos sientan, comenzando por el ámbito escolar, que la prevención y la reducción de riesgos son una responsabilidad compartida y, sobre todo, una posibilidad para proteger sus vidas.
La escuela, es un espacio que debería garantizar a los alumnos protección y condiciones adecuadas para el pleno ejercicio de sus derechos como infantes y como seres humanos. A pesar de que el futuro de cualquier sociedad depende de la formación y calidad de vida de su población infantil, generalmente los niños y jóvenes son los integrantes más vulnerables de la comunidad, y se encuentran expuestos a elevados niveles de riesgo. La sociedad tiene la responsabilidad de garantizar que la escuela esté en condiciones de proveer un ambiente de aprendizaje seguro a los alumnos y a la comunidad escolar toda.
La prevención de riesgos en la escuela no sólo se construye en base a condiciones materiales seguras, sino que es fundamental incorporar la prevención al Proyecto Educativo Institucional.
Este describe el modelo de escuela que aspira a ser la comunidad educativa de cada institución, el tipo de personas que pretende formar y la manera en que busca relacionarse con la comunidad. Por lo tanto, será en el proyecto donde se establezca el marco conceptual y metodológico dentro del cual se construye la “escuela segura”, al igual que las orientaciones para que desde la escuela se pueda contribuir a la construcción de una “comunidad segura”. Del proyecto también se derivan las normas de convivencia que orientan las relaciones entre los integrantes de la comunidad educativa, y que luego tendrá su correlato en el funcionamiento social cotidiano.
Estas normas son fundamentales a la hora de instalar una cultura de prevención y de respeto por el bienestar comunitario, ambos factores fundamentales para la seguridad social y base fundamental para afrontar problemas actuales como el dengue, los accidentes viales, el HIV/SIDA o futuros como los pronosticados por los expertos en cambio climático.
No pocas veces, cuando se debaten el rol de la escuela en la comunidad, escuchamos decir que, junto a la familia, constituyen los pilares de la sociedad. Esta afirmación se basa en que ambas instituciones tienen a su cargo la formación de niños y jóvenes, que serán, en definitiva,quienes tengan en sus manos el futuro de la sociedad. Desde la Licenciatura en Enseñanza de Ciencias del Ambiente tenemos en claro que la escuela es el ámbito que permite pensar qué clase de sociedad queremos tener. Por otra parte, la institución escolar, es el punto de encuentro de los diferentes sectores sociales, por lo que los mensajes que esta brinde se multiplican hacia el seno de la comunidad.
A partir de estas afirmaciones, podemos inferir que si uno de nuestros objetivos como Universidad y como carrera dentro de la misma es lograr una población sana y segura, debemos comenzar a trabajar desde las bases mismas de esta construcción, es decir desde la escuela y la familia. Cuando las poblaciones conocen las amenazas a que están expuestas y, sobre todo, las capacidades y los recursos con que cuentan para enfrentarlas, aumentan notablemente sus posibilidades de prevenir accidente y/o desastres, o por lo menos de reducir el impacto de los mismos. Todos los esfuerzos educativos que tengan como objetivo la prevención de riesgos aportan a que esa meta se cumpla, ya que mientras mayores sean la educación y la organización de una comunidad, mayores serán sus capacidades de actuar de forma reactiva, y en especial, proactivamente frente a los riesgos de la vida cotidiana. Por otra parte, prevenir los desastres es también una inversión en favor del desarrollo de las comunidades, de su infraestructura, de su economía, de su patrimonio y de su historia y también constituye una inversión en la medida en que resulta más eficiente reducir los riesgos que reponer las pérdidas que causan los desastres. La sinergia y el trabajo complementario entre distintos actores sociales será fundamental para reducir la vulnerabilidad y fortalecer las capacidades de quienes participan en ello. Por su parte, debido al rol que desempeñan en la sociedad, los docentes formados y concienciados en la importancia de la prevención actuarán como agentes multiplicadores permitiendo que los mensajes lleguen a diferentes sectores sociales. En esta tarea es de gran importancia llevar a cabo planes educativos que tengan como objetivos formar personas con pensamiento propio y espíritu crítico. Los niños no son sólo receptores de información sobre prevención de riesgos. Con la adecuada orientación de sus docentes y de otros integrantes de la comunidad educativa, pueden convertirse, también ellos, en fuentes de información importante para su familia y su comunidad. Para que esto se concrete será indispensable que los alumnos sientan, comenzando por el ámbito escolar, que la prevención y la reducción de riesgos son una responsabilidad compartida y, sobre todo, una posibilidad para proteger sus vidas.
La escuela, es un espacio que debería garantizar a los alumnos protección y condiciones adecuadas para el pleno ejercicio de sus derechos como infantes y como seres humanos. A pesar de que el futuro de cualquier sociedad depende de la formación y calidad de vida de su población infantil, generalmente los niños y jóvenes son los integrantes más vulnerables de la comunidad, y se encuentran expuestos a elevados niveles de riesgo. La sociedad tiene la responsabilidad de garantizar que la escuela esté en condiciones de proveer un ambiente de aprendizaje seguro a los alumnos y a la comunidad escolar toda.
La prevención de riesgos en la escuela no sólo se construye en base a condiciones materiales seguras, sino que es fundamental incorporar la prevención al Proyecto Educativo Institucional.
Este describe el modelo de escuela que aspira a ser la comunidad educativa de cada institución, el tipo de personas que pretende formar y la manera en que busca relacionarse con la comunidad. Por lo tanto, será en el proyecto donde se establezca el marco conceptual y metodológico dentro del cual se construye la “escuela segura”, al igual que las orientaciones para que desde la escuela se pueda contribuir a la construcción de una “comunidad segura”. Del proyecto también se derivan las normas de convivencia que orientan las relaciones entre los integrantes de la comunidad educativa, y que luego tendrá su correlato en el funcionamiento social cotidiano. Estas normas son fundamentales a la hora de instalar una cultura de prevención y de respeto por el bienestar comunitario, ambos factores fundamentales para la seguridad social y base fundamental para afrontar problemas actuales como el dengue, los accidentes viales, el HIV/SIDA o futuros como los pronosticados por los expertos en cambio climático. |